Viajar

Viajar sola


Me apunté para hacer una semana de senderismo en Menorca hace ya unos meses.

Buscando, supongo, mi espacio de independencia, de anonimato.

Todo el verano ha estado presente esta semana, de alguna forma estaba cargándose de inseguridades: “Con el buen verano que estoy pasando, que necesidad tengo de ir aquí o allá?…Me cuesta ir sola pero algo me dice que debo sobreponerme a los miedos y las perezas.

El domingo me despierto inquieta,esperando al topo pasan por mi cabeza estrellas fugaces de “me quedo”. Se acrecientan en el bus al aeropuerto hasta que con un acto de voluntad consciente decido terminar con ellas.

Tramites rápidos de aeropuerto y cola para entrar al avión, solita entre dos parejas de nuestra edad ohhh Román cada vez me cuesta más esta independencia.

Menorca me recibe con Tramontana me resulta familiar, mi cabeza vuela a Zahara, las mismas conversaciones, nuestro viento, cuando entra dos o tres días. Me gusta sentir la naturaleza en acción como diciendo: “aquí mando yo”.

Siempre he envidiado a esas mujeres extranjeras con pelo blanco y sandalias toscas porque las veía prácticas y liberadas de tintes, tacones,bolsos y complementos. Estoy contenta, me miro de reojo en un escaparate y me veo parecida a ellas.

A las 18:30 me siento a esperar a mis compañeros. Estoy cansada, he comido demasiado, he bebido demasiado, demasiado protagonismo la comida pienso

que tengo que corregir esta tendencia, estoy hasta mentalmente empachada.

Imagen Fornells

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